MINAS FIELES DE GRAN CORAZON
Data: Friday, 14 January @ 21:19:36 CET
Argomento: Tango Ballet - Corpo di Ballo


Representan dos generaciones y dos estilos de bailar el tango. Mora se formó en el Colón y María aprendió en las milongas de barrio
(En Español)
De Sandra Commisso

Las dos bailarinas reponen hoy "Tanguera", en el Astral. Una formada en la milonga y otra en el Colón, hablan de las distintas formas de bailar, del machismo en el tango y del afecto mutuo que se profesan.


Ninguna de las dos duda a la hora de cambiarse para las fotos: vestiditos muy cortos para lucir las piernas. Mora Godoy y María Nieves saben que ese es su punto fuerte y ahí van, a florear y hacer giros con la misma naturalidad que sus personajes de la francesita (Godoy) y la madama (Nieves) de Tanguera.



Ustedes representan dos generaciones y dos estilos de bailar el tango. Mora se formó en el Colón y María aprendió en las milongas de barrio. ¿Cómo es ese cruce en el escenario?

Mora: Creo que en el escenario ponemos todo de la misma manera. Hay algo que va más allá de dónde estudiaste y que se ve cuando caminás, con la presencia escénica. Y eso no tiene que ver con la técnica, porque hay cosas que no se aprenden. Para ser una artista arriba del escenario debe haber algo que se transmite y no lo tiene todo el mundo por más físico que tengas.

María: Es cierto. Yo estoy de acuerdo, hay cosas que no se pueden aprender. Aunque cuando la veo a Mora, se nota su formación de ballet, y eso yo no lo podría hacer.

Mora: Pero yo la veo y María parece una bailarina clásica, en la forma en que camina.

María: Supongo que eso es algo natural que tal vez se adquiera de mirar y mirar a otros, pero la verdad es que es algo interno.



¿Qué cambios hubo en el tango entre las generaciones de ambas?

Mora Lo que más cambió es la relación de la mujer con el tango y con el hombre para bailar.

María: Totalmente. Cuando yo era joven y bailaba, la mujer ponía un 50 y el hombre otro tanto. Aunque, a veces, el machismo los hacía llevar la batuta. Pero hoy es al revés, incluso en bailarines muy buenos, milongueros de los de antes. He ido a algunas exhibiciones y la verdad es que me decepcioné, de verlos bailando con vedettes al lado, que se llevan todas las miradas.

Mora: Creo que siempre la mujer llamó más la atención, pero no se le permitía desarrollarse, había una suerte de maltrato. Hoy ya no, todo es bastante igualitario. Me parece que la mujer se plantó de otra manera arriba del escenario.

María: Y abajo del escenario también. Porque ninguna mujer de mi época tuvo los ovarios de decir "yo voy a encabezar un elenco". Hacer lo que hizo Mora, formar su propia compañía, es un avance muy importante.



¿Hubo muchos prejuicios que superar por estar al frente de un elenco?

Mora: Hubo algunos, pero en realidad me encontré con prejuicios nuevos más allá del machismo, porque, en general, me parece que el hombre ya aceptó que la mujer tiene otro lugar.

María: Y no le queda otra, en el tango y en la vida.

Mora: Sí, pero creo que hoy en día en el ambiente hay una crítica al que tiene proyectos, sobre todo de los que no se animan a hacer cosas.

María: Siempre hubo esa envidia en el ambiente del tango. Que si aquel me copio tal o cual cosa, si me robás un paso o un bailarín. En cambio, esta nueva generación es creativa y hace que el tango danza no muera nunca. Cuando yo empecé a ver a esta generación bailando, comenté que no iban a llegar a nada, porque lo hacían por moda, pero me dieron una cachetada porque hay un montón de parejitas que bailan con el mismo sentimiento que bailaba yo en los años 50. Y una de ellas es Mora, a quien le agradeceré mientras viva que me haya convocado para Tanguera cuando yo ya estaba casi retirada.

Los piropos entre las dos morochas argentinas son genuinos. Forman parte de la relación que establecieron estas dos mujeres, tan distintas y tan parecidas en su amor por el tango. La cercanía se nota en pequeños gestos, como cuando Mora se toca unos granitos de la cara y María la reta. "Le hablo como me hablaba mi mamá a mí", dice María.



A los 70 años ¿de dónde saca tanta energía para seguir bailando?

María: No lo sé, es innata. Está mal decirlo, porque es un mal ejemplo, pero fumo desde los 11 años. Ahora me cuido un poco con las comidas. Creo que el mejor ejercicio es bailar todos los días. Siempre digo que nací para esto y me voy a morir bailando tango, que fue lo que me permitió que la nicotina no me haga mal. Para mí, el tango es todo: mi marido, mi hijo, mi amante. Yo subo al escenario y me transformo, me da vida. Yo me siento bien cuando bailo, me canso, pero es algo placentero. Quiero cumplir años para abajo para seguir bailando diez años más.

Mora: ¿Sabés que nunca se pensó en un reemplazo para ella en la obra? Cuando María no puede hacer una función, su papel se cambia. Nunca se nos ocurrió hacer un casting para buscar otra María, porque no hay, es un lugar que se lo ganó por completo ella, con toda una vida dedicada a la milonga. Me acuerdo que iba a ver a María cuando yo recién empezaba a bailar tango, iba dos o tres veces por semana, para aprender.

María. Yo vi a Mora por primera vez bailando con Miguel Angel Zotto y me impactó tanto que fui al camarín de él a decirle: "che, qué bien baila esa piba", y ni el nombre sabía.



Y eso que no salió de la milonga...

María: No, ahora hay otros códigos. Antes la milonga era la única diversión de los pobres, con la orquestas en vivo, los cantores, un espíritu de baile y baile y nada más. Y trompadas al final. ¡Cómo se daban a las piñas! Pero nunca hubo una muerte...¿eh? Hoy no creo que se peleen.

Mora: No tanto, pero algunos conservan un poco una actitud machista, pero en vez de agarrarse a las piñas entre ellos, le pegan a la mujer, algo de poco hombre.

María: No puedo creer que pase una cosa así, en chicos tan jóvenes. En mi época era entre los hombres, por una mujer. Si la sacaba a bailar otro, se ponían locos, pero ahora no son pegadores, son golpeadores, es tremendo.



Y en cuanto al tango danza, ¿cambiaron muchas cosas?

María: Por suerte hay muy buenos herederos, porque hubo un momento en que parecía que el tango se moría, cuando yo todavía era joven y remábamos para mantenerlo. Ahora, por suerte, hay muchos jóvenes dedicados a bailar. Y es más lindo así, con mucha gente. A mí me hubiera gustado que en mi época hubiera habido 30 parejas de bailarines, porque te dan más ganas de hacer cosas. Igual nunca se me ocurrió dedicarme a otra cosa. Todo lo aprendí en la milonga y en las tablas, gastando zapatos arriba del escenario. Y a fuerza de pisotones, donde fuera, bajando del colectivo a lo mejor se te ocurría un paso y empezabas a practicar, aunque fueran de madrugada.

Mora: Ahora hay infinidad de pasos, voleas, patadas. En los últimos años el tango cambió muchísimo: tiene más vértigo y más técnica, pero también hay tango muy mal coreografiado.

María: Yo tengo mi estilo, pero también aprendo de los más chicos, aunque no haga nada de lo que ellos hacen. Pero hoy si hacés un show no podés bailar igual que en una milonga, porque la gente se aburre. En una milonga se baila todo igual e improvisás; en un escenario, jamás.

Desmintiendo el mito de las rivalidad femenina, las morochas confiesan: "Es hermoso compartir el escenario. Nunca nos peleamos, porque nos respetamos".

 







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